Uniones con mortaja y espiga

Publicado el 6 junio 2013
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—Si una unión de mortaja y espiga se ha aflojado, quizá una simple aplicación de cola resuelva el problema.

—Si no es así, procederemos de la siguiente manera: cortaremos primeramente algunas cuñas de madera dura y sin veta pronunciada (por ejemplo, haya). Las cuñas van a ir colocadas entre la espiga —el travesaño— y la mortaja —la pata de la silla (continuamos con el ejemplo anterior)—, por lo que ya sabemos que deben tener un ancho bastante menor que el del travesaño y una longitud lo suficientemente modesta como para que la reparación pueda pasar desapercibida.

— A continuación, tallaremos en la espiga dos o tres ranuras, en forma de bisel. Estas ranuras, o adelgazamientos del extremo de la espiga, deben tener el ancho de las cuñas que hemos fabricado. Y deben presentar ese ancho, y no otro, porque van a servir precisamente para permitir la entrada por ahí —por la ranura— de las cuñas de marras. Para practicar esas cuñas en el extremo de la espiga puede servirnos un formón afilado.

—Ha llegado el momento de obligar a las cuñas a penetrar por las ranuras. Antes, sin embargo, recubriremos las cuñas con cola blanca por ejemplo. Una vez hecho esto, apuntaremos las cuñas y golpearemos con cuidado y con un martillo. Las cuñas pueden sobresalir ligeramente —es más, en determinadas ocasiones conviene que así sea en aras de un ajuste más apurado— pero, en todo caso, este exceso puede ser neutralizado con un formón una vez se haya secado la cola.

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