El aceite de linaza

Publicado el 15 Abril 2013
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Una alternativa al barniz es el aceite de linaza. Puede aplicarse sobre la madera desnuda. Proporciona una película transparente que confiere una imagen muy natural a la madera.

Sucesivas aplicaciones resaltan el brillo del material que estemos aceitando, brillo que resulta menos exultante si sólo aplicamos una capa de esta substancia. El procedimiento que debemos seguir es el siguiente: vertemos el aceite de linaza cocido en un vaso de vidrio o porcelana. Colocamos este recipiente dentro de otro en el que hayamos echado agua caliente. Esperamos a que el aceite experimente una subida de temperatura y se manifieste caliente al tacto. Aplicamos la substancia con un pincel de cinco centímetros de ancho siempre en la dirección de la veta. Continuamos aplicando el aceite hasta que la madera pare de tragar: cuando el aceite ya no penetre, cuando comience a quedarse sobre la superficie, entonces, dejaremos de aplicar. Enjugaremos el líquido sobrante con un pedazo de papel y dejaremos reposar la pieza de madera hasta que se halle completamente seca. El período de secado puede llegar a durar incluso varios días. Si deseamos un brillo más alto podemos repetir la operación.

 

Los colores

Y es que… ¿por qué habríamos de ocultar la belleza natural de una madera veteada? ¿Por qué no resaltar esa hermosa cualidad con una capa de cera transparente, de aceite o de barniz?

En fin, resulta sumamente conveniente plantearse con detenimiento si, en efecto, es imprescindible pintar esa puerta, esa balda o aquel baúl. Si a pesar de todo decidimos emplear pintura para maquillar la madera, siempre resultará conveniente una atenta lectura de las etiquetas de los productos que vayamos a introducir en nuestro hogar: una lectura atenta cuyo objeto no es otro que conocer las substancias que vamos a consumir.

En cualquier caso, convendría que nos abstuviésemos de adquirir las más peligrosas, a saber, las que contienen plomo o cromo. Ambos metales son, potencialmente, muy contaminantes para el medio y muy nocivos para la salud. Por eso, en muchos países ya están prohibidos. Algunos autores van más allá y recomiendan prescindir de todas las lacas y pinturas amarillas, anaranjadas y rojas, a menos que sus etiquetas indiquen expresamente que no contienen cadmio.

 

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