Consejos para trabajar con corcho II

Publicado el 27 Agosto 2013
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Lee la primera parte aquí: Consejos para trabajar con corcho I

A continuación, rellenamos con masilla —autonivelante— las desigualdades que presente la superficie desnuda. Hay productos en el mercado que han sido ideados para autonivelarse. Según el estado del soporte que haya quedado al aire, podremos aplicar una o dos capas de este producto (hasta seis centímetros como máximo). Deberemos aguardar algún tiempo —el que recomiende el fabricante: pueden ser varios días— hasta que la superficie esté dura:

— una vez preparada la superficie, la instalación debe ser ejecutada siguiendo la siguiente regla general: empezaremos siempre desde el centro de la habitación e iremos progresando en todas direcciones, y no viceversa;

-para colocar una baldosa sobre un obstáculo —un interruptor de electricidad, por ejemplo resulta muy útil una plantilla de cartón. Para confeccionarla, no será preciso más que medir el obstáculo en cuestión y cortar el cartón atendiendo escrupulosamente las medidas obtenidas. Una vez hecho esto, comprobaremos la certeza de nuestra medición comparando la plantilla de cartón con su referente —el interruptor, en este caso—. Si una y otro son idénticos, no cabe más que colocar el cartón

-una gama de texturas, colores y acabados que cabría calificar de sumamente amplia. Así, encontramos corchos prefijados — pero no acabados— que se oscurecen si los barnizamos; hallamos también corchos blandos, granulados y aislantes, que se desmenuzan fácilmente, pero que sirven perfectamente para aquello para lo que fueron concebidos: aislar (son colocados en entramados y posteriormente cubiertos con enmaderados decorativos, por ejemplo); encontrarnos, así mismo, corchos con revestimientos de plástico, otros con revestimientos de cera… En fin, de casi todo.

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El corcho —material hasta hace muy poco tiempo completamente desconocido para el bricolaje— por muchas razones. Se trata de un producto natural, un producto que apenas exige transformación. Nos hallamos, además, frente a un material aislante cuyo uso no entraña riesgo alguno para la salud (el amianto, otro material aislante, ha sido recientemente prohibido por el gobierno francés —I de enero de 1997— por su extraordinaria peligrosidad: según el Instituto Nacional de la Salud de Francia, hasta 2.000 personas mueren cada año víctimas de la inhalación de las fibras que se desprenden de ese material). Nos encontramos, asimismo, ante un producto que, desde un punto de vista estrictamente económico, resulta rentable en grado sumo. Y resulta tan rentable porque, por una parte, no es caro, y por otra, potencia el ahorro, dadas sus virtudes aislantes. Menos frío en invierno equivale a menos calefacción, y menos calefacción, a menos gasto. Si tenemos en cuenta, además, que es fácilmente manejable, nos hallamos probablemente ante una de las propuestas más asequibles —entiéndase en todos los sentidos— que puede hallar el consumidor.

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