¿Cómo tratar la madera?

Publicado el 26 marzo 2013
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La madera es, sin duda, la estrella del bricolaje: material compuesto por celulosa y lignina esencialmente, pero también por almidón, tanino, resinas, azúcares y sales minerales, la madera presenta una estructura vegetal formada por células, fibras y vasos. Los vasos constituyen los haces leñosos y, a medida que envejecen, van impregnándose de lignina. Precisamente es esta substancia la que proporciona dureza y rigidez al tronco del árbol, y la que propicia la constitución de vetas en la madera.

La madera maciza es, probablemente, la madera más atractiva. Por desgracia, también suele ser la más problemática, sobre todo, si no ha sido perfectamente secada. El abarquillamiento, o alabeo, es uno de los problemas al que con más frecuencia ha de enfrentarse el aficionado a la carpintería. El enmohecimiento y el ataque de determinados insectos son los otros dos peligros que acechan a cualquier madera maciza. Contra ellos caben remedios, pero siempre serán más eficaces las medidas preventivas que las curas caseras.

Aún hoy, la madera maciza continúa siendo un material poco menos que imprescindible para ciertos trabajos: armazones, marcos, molduras. Sin embargo, para confeccionar grandes planos superficiales resultan mucho más manejables, dada su estabilidad, los tableros prefabricados.

Clases de madera

Muy duras: encina, boj.
Duras: roble, arce, fresno, olmo, cerezo y otros frutales. Las maderas de gran dureza suelen ser más caras, son generalmente más resistentes, tienden a moverse menos cuando se trabaja sobre ellas y propician acabados más ajustados.
Medias: abedul, álamo negro, haya, plátano, nogal, castaño.
Blandas: aliso, abeto y la mayoría de los árboles que forman parte de la familia de las coníferas (ciprés, pino).
Muy blandas: chopo, álamos blanco y temblón, tilo, sauce.

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