Otras formas de unir madera

Publicado el 23 mayo 2013
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Hay varios sistemas de ensamble cuya elaboración entraña más dificultades para el aficionado: la unión de cola de milano es una de las más firmes pero, a la vez, una de las que requieren más habilidad. Cabe mencionar las ensambladuras de caja y espiga y las uniones con clavijas.
Para llevar a cabo las primeras —caja y espiga—, un extremo de una de las dos piezas que vamos a unir debe ser trabajado hasta que quede convertido en una especie de cilindro —o penetrante similar—de madera. El cilindro —o similar— acabará embutido en la otra pieza de madera, donde habremos practicado un orificio igualmente cilíndrico —o similar— (los travesaños de muchas sillas y mesas son unidos así a las patas de las mismas, por poner un ejemplo).

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Las uniones con clavijas son muy comunes en carpintería. Las clavijas o mechas son tacos de madera dura, que se presenta generalmente estriada, para facilitar el escurrido de la cola sobrante. El diámetro de las clavijas no debe exceder un tercio del grosor de las piezas en que van a integrarse. El enclavijado suele hacerse en diversos tipos de unión, en T, L o X, e incluso se puede utilizar para reforzar uniones a tope.

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Unión a media madera

Publicado el 15 mayo 2013
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Es aquella unión para la que han de practicarse rebajas en las dos piezas a unir, de manera que las dos superficies de contacto resulten encajadas la una en la otra. Los trabajos más sencillos son el rebaje y la ranura o canal. Tanto el uno como la otra pueden ser usados en uniones de toda índole. El primero es ejecutado en un extremo del madero o tablero. El rebaje reducirá el grosor de la pieza en cuestión. Podemos ejecutarlo a lo largo de todo el canto o parcialmente, en cuyo caso se obtiene el llamado rebaje cojo o incompleto. La ranura (que sirve tanto para uniones con cola como para el ensamble sin ella, sistema que es preferible, dado que resulta Más económico y menos engorroso) difiere del rebaje en que mientras que éste es realizado en plena superficie de la pieza —adelgazando el grosor de la madera—, aquélla ataca el interior del tablón, dejando dos caras paralelas enfrentadas, o sea, una ranura. Al igual que ocurre con los rebajes, las ranuras pueden ser pasantes de un extremo a otro del madero, o parciales, en cuyo caso se denominan ranuras o canales ciegos, pues sólo son visibles desde una cara del madero trabajado. La ranura es parte fundamental de la típica unión por acoplamiento:  el machihembrado.

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Podernos hacer tanto ranuras corno rebajes con un serrucho —a veces con formón— o por fresado. Se consideran uniones a media madera las que se realizan rebajando un tercio de uno de los maderos y dos tercios en el otro, a condición de que ninguno de los dos quede debilitado y de que queden enrasados por ambas caras. Dicho lo dicho, queda claro que este tipo de unión ,sólo es absolutamente recomendable cuando estamos trabajando con piezas de grosor considerable.

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¿Como he de unir dos piezas de madera?

Publicado el 8 mayo 2013
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Hay muchas clases de ensambladura. A continuación, vamos a señalar algunas características de las que podrían considerarse más frecuentes.

Unión a tope

Es una de las más sencillas, dado que consiste en la simple superposición o yuxtaposición de los extremos de las piezas de madera que pretendamos unir (un ejemplo: únanse dos tablones en un perfecto ángulo recto sin que uno vuele ni un centímetro más allá del otro). Se trata de uniones, en fin, sumamente sencillas, uniones en las que no se trabaja la madera: no rebajamos, ni lijamos, ni transformamos los tablones de ninguna manera.

Usamos diversos materiales para realizar la unión. Los más corrientes son, en efecto, los clavos. Si los introducimos sesgados aumentaremos la resistencia de la ensambladura. Las escuadras metálicas constituyen otro excelente refuerzo. Resultan sumamente apropiadas para practicar uniones. También podemos asegurar un ensamble utilizando tacos rinconeros de madera. Para ello practicaremos orificios en las dos caras del taco que van a ir enfrentadas (paralelas) a los tablones que forman el ángulo recto (por continuar con el ejemplo propuesto).

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El taco será encolado y adherido a la cara interna del ángulo (por dentro). A continuación introduciremos los tornillos en los orificios antes practicados.

Menos frecuentes, pero no por ello menos eficaces, son las grapas onduladas, lañas metálicas que, corno apunta su apellido, ofrecen un cantó de penetración ondulado. No son recomendables para las uniones en ángulo recto, pero sí para ensamblar —a tope, pero en paralelo, es decir, uno seguido de otro—dos tablones. Lo idóneo es clavarlas en diagonal. Para unir dos piezas de madera de tal guisa —una seguida de otra, como si quisiésemos, por ejemplo, sumar un tablón a una mesa de madera— también podemos usar escuadras o ángulos metálicos (en forma de T o de L). Para adosar estas piezas habremos de emplear tornillos.

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Como blanquear la madera

Publicado el 3 mayo 2013
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En primer lugar, lijaremos la superficie que deseamos blanquear. Para ello, envolveremos en papel abrasivo un taco de madera, de corcho o de goma, y así armados, procederemos a lijar. Si la superficie objeto de este trabajo es muy extensa, puede resultar más apropiado envolver, con el papel abrasivo, un ladrillo, en vez de un simple taco de madera. Sea como fuere, es preciso no olvidar que deberemos lijar siempre a favor de la veta, en círculos o a favor, nunca a través. Una vez llevada a cabo esta operación, mezclaremos una parte de amoníaco de 088 y cinco partes de agua. Aplicaremos la solución obtenida con una brocha y después lavaremos la madera con una parte de agua oxigenada de cien volúmenes por dos partes de agua.

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El mercado oferta algunos blanqueadores de madera, tales como el hipoclorito sódico o el ácido oxálico cristalizado. Éstos, desafortunadamente, son muy potentes. Algunos de ellos son, incluso, venenosos, por lo que conviene echar mano de ellos sólo si no nos queda alternativa alguna y, en todo caso, extremando las precauciones.

¿Como he de pintar una puerta?

Si es panelada, siguiendo un orden lógico. Así de sencillo… O así de complicado. Algunos profesionales proponen empezar por las molduras y seguir con los paneles. Pintaríamos a continuación los montantes intermedios verticales del centro y luego los travesaños que cruzan. Finalmente acabaríamos pintando los montantes verticales exteriores y el borde de la puerta.

Si es vidriada, empezaremos por los junquillos y seguiremos después la secuencia para puertas paneladas.
Si es lisa, empezaremos por arriba y trabajaremos por secciones. Deberemos rematar cada una de esas secciones con ligeros brochazos verticales. Finalmente, pintaremos los bordes partiendo desde ellos. No debemos pintar nunca hacia ellos.

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En todos los casos, quitaremos las manillas y dejaremos la puerta abierta y sujeta con una cuña con el fin de evitar que se cierre accidentalmente. Una precaución añadida es guardar la manilla en la habitación.

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Alternativas para desprender una capa de pintura

Publicado el 30 abril 2013
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Otra propuesta: para decapar un mueble barnizado algunos profesionales emplean —con guantes de piel, y no de plástico— un trapo empapado en gasolina. Es preciso insistir en el uso de guantes protectores, dado que algunos barnices —la goma laca, por ejemplo— al disolverse, forman un líquido muy pegajoso que se va acumulando en la mano, ensuciándola y formando costras al secarse. La substancia puede entrañar riesgos sanitarios: la piel es un órgano muy sensible y no merece la pena apostar la salud contra una silla. Una vez eliminada la capa de laca o barniz, lijaremos la superficie para proceder al barnizado más conveniente.

El decapado con sosa cáustica es especialmente eficaz en piezas grandes. Son mayoría los profesionales que consideran que debe llevarse a cabo al aire libre. Además, conviene tener siempre a mano una manguera de jardín. La protección de nuestro cuerpo es, así mismo, imprescindible: el uso de gafas, una indumentaria consistente y guantes de plástico (que no de goma) está especialmente recomendado. Para decapar podemos utilizar cualquier producto cáustico que se utilice para desatascar tuberías: la sosa es el más frecuentemente citado.

El procedimiento que se ha de seguir es el siguiente: añadimos un puñado del producto en cuestión a un litro de agua (o preparamos una pasta añadiendo harina y removiendo hasta que se espese). A continuación, aplicamos la solución obtenida con un estropajo o esponja sobre la superficie que deseamos decapar. La espuma significará que el producto químico está actuando. Si no sucede nada, podemos añadir más agua y esperar.

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Si queremos acelerar los procesos anteriormente descritos, podemos rascar con un cepillo, con lo que aflojaremos la pintura, pero no dejaremos que la superficie tratada se seque. Una regadera de agua de rociado fino es idónea para ello.

Una variante de la misma técnica consiste en espolvorear cristales de sosa cústica directamente sobre la superficie que queremos decapar. En este caso conviene proceder de la siguiente manera: espolvorearemos uniformemente los cristales de sosa sobre la madera. A continuación verteremos agua muy caliente con una regadera de rociado fino. La espuma puede aparecer instantáneamente. Será preciso, siempre, tener mucho cuidado con los vapores nocivos. Si es necesario, puede repetirse la operación.

Una vez finalizado el proceso de decapado con sosa cáustica, es preciso lavar la pieza. Dado que la sosa ablanda la mayoría de las colas, conviene lavar a chorro todas las grietas, ensambles y entallas que presente el mueble tratado. Un lavado final con agua limpia neutralizada con una taza de vinagre zanja las operaciones de limpieza.

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¿Como desprender una capa de pintura?

Publicado el 24 abril 2013
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Para empezar, conviene llevar a cabo una buena limpieza (el uso de un cepillo de dientes para extraer el polvo y la mugre de molduras, ranuras y relieves facilita las tareas de limpieza en esos rincones de difícil acceso). Si el mueble u objeto en cuestión sólo está un poco sucio, lavaremos la madera con una solución de agua tres partes) y vinagre (una parte). Si, por el contrario, está muy sucio, utilizaremos algún detergente (cincuenta gramos) disuelto en agua caliente (un litro). No conviene emborrachar la madera con agua. Así, aplicaremos con cuidado una esponja húmeda sobre la superficie a tratar, una esponja que no debe, bajo ningún concepto, chorrear. Una vez empleada la esponja, dejaremos secar la superficie agredida el tiempo que sea preciso. Repetiremos la secuencia cuantas veces estimemos oportuno. Es preciso insistir: es imprescindible que el agua no penetre por las grietas de la madera: la humedad nunca es buena inquilina en este material natural.

Limpieza

 A rascar

Una vez limpia la superficie sobre la que deseamos trabajar, desprenderemos la pintura con una rasqueta de filo biselado. Si queremos acabar antes, podemos rascar en caliente. Los inconvenientes serán, entonces, varios: necesitaremos un soplete (lo que implica una inversión económica respetable), será preciso mantener las distancias (a paneles de vidrio, por ejemplo), y tendremos que medir atentamente el tiempo de aplicación de calor (unos segundos de más pueden significar madera tostada). En fin, mucho cuidado.

El modo de proceder, en todo caso, es el siguiente: aplicarnos calor —soplete mediante— y al mismo tiempo rascamos. Con una mano, pues, manejaremos el soplete. Simultáneamente, con la otra, la rasqueta. Debemos mover la llama de un lado a otro y, sólo cuando comencemos a apreciar desprendimientos de pintura en un área determinada, suspenderemos el movimiento oscilatorio para centrar el calor sobre esa parcela de superficie. Un inconveniente: el calentamiento de determinadas Pinturas y barnices puede traducirse en la emisión de gases tóxicos: se recomienda tener precaución.

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El aceite de linaza

Publicado el 15 abril 2013
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Una alternativa al barniz es el aceite de linaza. Puede aplicarse sobre la madera desnuda. Proporciona una película transparente que confiere una imagen muy natural a la madera.

Sucesivas aplicaciones resaltan el brillo del material que estemos aceitando, brillo que resulta menos exultante si sólo aplicamos una capa de esta substancia. El procedimiento que debemos seguir es el siguiente: vertemos el aceite de linaza cocido en un vaso de vidrio o porcelana. Colocamos este recipiente dentro de otro en el que hayamos echado agua caliente. Esperamos a que el aceite experimente una subida de temperatura y se manifieste caliente al tacto. Aplicamos la substancia con un pincel de cinco centímetros de ancho siempre en la dirección de la veta. Continuamos aplicando el aceite hasta que la madera pare de tragar: cuando el aceite ya no penetre, cuando comience a quedarse sobre la superficie, entonces, dejaremos de aplicar. Enjugaremos el líquido sobrante con un pedazo de papel y dejaremos reposar la pieza de madera hasta que se halle completamente seca. El período de secado puede llegar a durar incluso varios días. Si deseamos un brillo más alto podemos repetir la operación.

 

Los colores

Y es que… ¿por qué habríamos de ocultar la belleza natural de una madera veteada? ¿Por qué no resaltar esa hermosa cualidad con una capa de cera transparente, de aceite o de barniz?

En fin, resulta sumamente conveniente plantearse con detenimiento si, en efecto, es imprescindible pintar esa puerta, esa balda o aquel baúl. Si a pesar de todo decidimos emplear pintura para maquillar la madera, siempre resultará conveniente una atenta lectura de las etiquetas de los productos que vayamos a introducir en nuestro hogar: una lectura atenta cuyo objeto no es otro que conocer las substancias que vamos a consumir.

En cualquier caso, convendría que nos abstuviésemos de adquirir las más peligrosas, a saber, las que contienen plomo o cromo. Ambos metales son, potencialmente, muy contaminantes para el medio y muy nocivos para la salud. Por eso, en muchos países ya están prohibidos. Algunos autores van más allá y recomiendan prescindir de todas las lacas y pinturas amarillas, anaranjadas y rojas, a menos que sus etiquetas indiquen expresamente que no contienen cadmio.

 

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El barniz

Publicado el 10 abril 2013
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A la hora de barnizar, lo primero que hemos de tener en cuenta es que las condiciones atmosféricas existentes en la habitación en la que vayamos a trabajar van a influir en el resultado de nuestra obra. Por ello, intentaremos que, en la estancia, las corrientes de aire no incomoden nuestra labor, la temperatura ronde los veinte grados y la ventilación sea considerable.

No debemos remover el barniz, dado que el movimiento contribuye a la formación de burbujas. Antes de empezar a barnizar, limpiaremos concienzudamente la brocha, que debe ser gruesa y con el borde biselado. Limpieza concienzuda, en fin, y con aguarrás. Una vez lista la brocha, colocaremos un alambre cruzado sobre la boca del bote de pintura. Allí escurriremos nuestra brocha cada vez que nos parezca oportuno: allí, y no contra el borde del bote, costumbre ésta muy extendida pese a que está más que comprobado que así producimos burbujas. El modo de aplicación del barniz es el siguiente: brochazo de izquierda a derecha, brochazo de derecha a izquierda, y así, sucesivamente, hasta cubrir una extensión de unos treinta centímetros por treinta centímetros. Allí donde acabe el último brochazo, empieza el primero de la segunda vuelta: ahora, brochazo desde abajo hasta arriba, brochazo de arriba hacia abajo. Completamos el cuadrado 30×30. Si el fabricante recomienda otro modo de empleo, otro modo de empleo habremos de seguir.

Una vez hayamos extendido la primera capa de barniz, lijaremos con papel abrasivo muy fino —muy fino, cabe repetir—y pasaremos a continuación un trapo humedecido en disolvente sustitutivo del aguarrás sobre la superficie barnizada. No aplicaremos ni ese lijado posterior ni la segunda capa de barniz hasta que la primera no se haya secado completamente, y no esté en absoluto pegajosa. En fin: barnizado, secado, lijado, barnizado.

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¿Como he de pintar la madera?

Publicado el 1 abril 2013
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En primer lugar, es preciso lijar la superficie que vamos a tratar. Una vez realizada esa primera tarea, que debe ser llevada a cabo con sumo cuidado, limpiaremos de polvo y paja toda la madera. A continuación, fregaremos con una solución agua-moniacal la superficie que hemos lijado. La solución más apropiada es la que resulta de mezclar cinco partes de agua con una de amoníaco.
Ha llegado el momento de abordar la segunda ronda de lijado. En esta ocasión el papel abrasivo tiene grano fino. Lijamos, en efecto, volvemos a desempolvar la madera, y aplicamos el primer producto realmente protector. Es, sencillamente, aceite de linaza (algunos profesionales prefieren el aceite de teka o la cera, productos, todos, que operan como recibidores).
Una vez vestida de esa guisa la madera, aplicamos el denominado tapaporos, substancia que empleamos para saciar los poros de la madera. ¿Objetivo? Lograr una superficie lo suficientemente homogénea como para que la ulterior aplicación de substancias estético—protectoras (barnices o pinturas) pueda ser llevada a cabo cómodamente, sin tropezones ni irregularidades.

Otros tapaporos

Más allá de los productos tapaporos que habitualmente encontramos en el mercado, algunos profesionales proponen un método alternativo y poco conocido —si bien igualmente eficaz, si es ejecutado correctamente—: es el que emplea polvo de piedra pómez. El procedimiento es el siguiente: tamizamos la piedra en cuestión (también se vende el polvo directamente), humedecemos una almohadilla de trapo de algodón en alcohol desnaturalizado; untamos en la almohadilla el polvo que hemos obtenido antes, y cubrimos toda la superficie a tratar mediante pequeños movimientos circulares, aplicados bajo una presión suave y uniforme, de manera que la veta sea cubierta desde todas las direcciones. Cada cierto tiempo, cuando nos parezca oportuno, sacudiremos la almohadilla, cambiaremos las dobleces y presentaremos una cara limpia de contacto.

 

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Alfarisk minimiza los riesgos de tu negocio

Publicado el 27 marzo 2013
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Al abrigo de la burbuja inmobiliaria, en nuestras ciudades crecieron como setas las tiendas de decoración, ya que cuando una familia compraba una casa, el siguiente paso era decorarla con lo mejor que se podían permitir.

Gracias a que los bancos daban manga ancha a la hora de conceder hipotecas, los compradores de casas nuevas tenían disponible mucho dinero para poder gastar en muebles, alfombras, cortinas, y todo lo que hace falta para decorar una casa.


Por desgracia, el número de tiendas de este tipo en nuestras ciudades ha descendido mucho, hasta el punto que la mayoría de ellas han tenido que cerrar ante la falta de clientes, y la falta de dinero para comprar. Además, la apertura de grandes superficies que se dedican a la decoración, ha dado la puntilla a las tiendas de barrio, que ofrecían un servicio profesional y personalizado.


Si tienes una tienda de decoración, y has conseguido sobrevivir a la crisis deberías protegerte contra imprevistos. ¿Sabías que el responsable de todo lo que ocurra dentro de tu tienda eres tú? Si no lo sabes, lo mejor que puedes hacer es informate ahora mismo y contratar un seguro de responsabilidad civil que proteja a tu tienda y a tu patrimonio ante cualquier demanda de un cliente.

Nunca se sabe cuando un cliente insatisfecho nos puede llevar a los tribunales, o cuando puede ocurrir un accidente dentro de nuestra tienda. Algo tan simple como una persona mayor que se cae y se hace daño, puede acabar con una demanda en la que tengamos que pagar una buena suma de dinero, la cual es posible que no tengamos dada la situación de la economía en la actualidad.

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